Adolescencia y dinero (I)


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A partir de los doce o trece años con la progresiva aparición del pensamiento formal y de la capacidad temporal, podemos enseñarl a nuestros adolescentes a administrar, a ser previsores y a valorar sus derechos, obligaciones y privilegios. Deberían aprender dineroque:

  • Todos tenemos derecho a disponer de dinero a cambio de trabajo, pero no a tener dinero a cambio de nada, eso es un privilegio.
  • Hay que administrar el dinero de forma que permita hacer frente a los gastos de un determinado período de tiempo. Es un momento clave en el que es muy importante no perder ningún logro anterior y afianzarlos con nuevos planteamientos y objetivos. Anotaré algunas sugerencias:
    • Seguirá disponiendo de su paga quincenal al principio y luego mensual. Deberá ser incondicional y puntual porque hay muchos adolescentes que, a esta edad, les humilla o incomoda tener que pedir dinero. La hucha quizá debería sustituirse por una libreta de ahorros.
    • La cuantía de la paga mensual debería decidirse, si es posible, por consenso aunque sin superar ciertas limitaciones: que sea escasa para seguir viviendo la sobriedad, que incluya algún dinero suplementario para hacer frente a algunos gastos necesarios (desgaste de material escolar, transporte, etc..), que sea educandoalhijoadolescentesobreeldinero1proporcionada al poder adquisitivo de la familia (no es bueno inducir al hijo a llevar un nivel de gasto superior a las posibilidades), que se incremente ligeramente a medida que se hace mayor.
    • Puede haber ingresos extras por trabajos extras que costarían dinero a la familia (ayudar a pintar las puertas o la pared de una habitación, ayudar en la tienda de su padre algún día de mucho trabajo, etc..). En vacaciones u horas libres, pueden hacer algunos trabajos remunerados a partir de los 16 años.
    • Además de primas, como estímulo o recompensa, puede haber multas por dejar de hacer sus tareas o por el mal uso del dinero.
    • En ningún caso se debe dar a los hijos más dinero del acordado. Si quiere comprar algo y no tiene dinero, puede esperar y ahorrar.
    • Además de ofrecerle ejemplo, pedirle su opinión a la hora de realizar algunos gastos familiares significativos y valorar con él las relaciones calidad-precio-posibilidades.

 
Para acabar quiero recordar la importancia de ayudar a los hijos de cualquier edad a vivir la solidaridad y generosidad con su dinero y a enunciar, para cuando alcancen sus propios ingresos, la recomendación de que entonces pasen a sufragar en todo o en parte los gastos que ocasionan en la economía familiar.

José María Lahoz García
Pedagogo (Orientador escolar y profesional),
Profesor de Educación Primaria y de Psicología
y Pedagogía en Secundaria

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