Escribir cartas a nuestros hijos: una manera fácil de acercarnos a ellos


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¿Para qué escribir cartas a nuestros hijos?

Trasmitir sentimientos, explicar con palabras el odio o el amor que sentimos, el orgullo o la frustración, la alegría o la tristeza no es tarea fácil. Y más si estamos hablando con nuestros hijos. En ocasiones dichos sentimientos nos superan, rebosan nuestro vaso y salen de la boca convertidos en palabras confusas, equívocas y a veces dolorosamente inexactas.
Escribir esos mismos sentimientos en un papel lo cambia todo: el modo, el mensaje, el contexto. Escribir nuestras emociones o pensamientos en un papel tiene sus ventajas:

  • Escribir dichos sentimientos nos obliga a meditar. Obliga a reflexionar y a poner en orden nuestra mente. Apretar las teclas del ordenador o escribir con un bolígrafo las palabras que salen de nuestro corazón requiere de un tiempo, unos minutos que nos permiten pensar y rectificar si es necesario.
  • En una carta es más difícil herir los sentimientos de nuestros hijos. En frio, nuestras ideas toman perspectiva, retoman nuestros objetivos educativos y se anteponen a nuestros sentimientos desbordados. Nuestros pensamientos son más precisos y las palabras indican exactamente lo que quieren decir, sin agolparse en nuestra mente a causa de las emociones. No hay descalificaciones, ni subidas de tono, ni gestos hirientes.
  • Las cartas permiten tratar cualquier tema desde una posición de respeto. El hecho de poder pensar “en frio” nos ayuda a ponernos en la piel de nuestro hijo, valorar sus sentimientos y escucharlos con toda nuestra atención, sin distracciones, con serenidad.
  • Escribir tus pensamientos en un papel y permitirle a tu hijo leerlos crea vínculos afectivos. Tu hijo reconocerá el esfuerzo que has hecho por acercarte a él, por querer conectar con él, aunque sea para recriminarle algo. A menudo, nuestros hijos se enfrentan a nosotros, no porque les riñamos o les hagamos cumplir las consecuencias, sino por cómo se lo decimos o se las hacemos cumplir. El “cómo” sí importa y es decisivo a la hora de establecer una relación con nuestros hijos.
  • Una carta se puede leer y releer y, según en qué momento la lea o en qué circunstancias, le enseñará a tu hijo diversos matices, diversos detalles que en un primer momento se escaparon.
  • Es especialmente eficaz cuando nuestros hijos son adolescentes , cuando se niegan a escucharnos o cuando están convencidos que somos nosotros los que no sabemos escuchar. Déjale tu carta sobre la almohada y espera resultados.
  • Lo mejor de una carta: su final. Cuando tu hijo la lee y te responde con un beso. O al revés, cuando tu hijo acaba de leer la carta y tú te acercas para abrazarlo en complicidad.
  • Otro final: cuando las palabras escritas dan pie a una verdadera comunicación entre padres e hijos, cuando al terminar la carta tu hijo pregunta, debate, “se abre” a ti sin estrategias ni defensas. Todo un privilegio.

Una carta puede ser un bálsamo terapéutico. Para ti y para tu hijo. Puede abrir los corazones y las mentes, puede acercar a los que estaban lejos y “apaciguar tempestades”.

(más información en SOLOHIJOS.COM)

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