Desarrollo intelectual


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    Con la llegada de la adolescencia, tiene lugar la eclosión del pensamiento… El adolescente logrará, al final del proceso de desarrollo, no sólo comprender la realidad que le rodea, sino conocer y comprender lo posible, lo probable, lo lejano, lo abstracto… Será capaz de llegar al estadio intelectual más evolucionado, más propiamente humano.

    De forma progresiva adquirirá capacidad para valorar distintas posibles soluciones a un problema, podrá prever las consecuencias de actuaciones presentes, adquirirá capacidad crítica al ser capaz de relacionar realidades concretas con reglas generales o abstractas y podrá reflexionar sobre diferentes realidades posibles.  

    A medida que vaya dominando con eficacia estas nuevas capacidades, disfrutará conversando con sus amigos sobre las realidades trascendentales de la vida, hará uso de la crítica, al principio de manera muy tajante, y será capaz de delimitar sus aspiraciones de futuro de una manera realista.

     El desarrollo del pensamiento formal en la adolescencia se produce de una forma significativamente diferente al desarrollo físico. Mientras que éste se produce de una forma progresiva, relativamente rápida (tres o cuatro años) y en una secuencia semejante en la mayoría de los individuos, el desarrollo intelectual tiene lugar con más lentitud (siete u ocho años), en una progresión irregular y con notables diferencias entre unos y otros.

    A los 11 o 12 años se suele producir un cambio brusco en la manera de pensar de los chicos y chicas. Reúne algunas características del nuevo estadio aunque aún es muy rudimentaria. Pero no será hasta los 20 años o más cuando bastantes de nuestros hijos alcanzarán una cierta plenitud del pensamiento formal.

    La pubertad, y con ella los cambios físicos y fisiológicos que la determinan, es un cambio necesario y predecible que acaece con escasa participación de las influencias del medio. Sin embargo, las habilidades intelectuales propias del pensamiento formal constituyen un cambio que no necesariamente se da en todos los individuos y que depende de las influencias del ambiente.

    Los cambios físicos de la pubertad son fruto de la dotación genética, sin embargo, los cambios en la estructura del pensamiento necesitan la influencia positiva del ambiente. Se ha podido llegar a esta afirmación tan rotunda al constatarse que, en algunas de las sociedades, ninguna persona adulta demostraba competencia para superar con éxito algunas pruebas que requerían habilidades intelectuales propias del pensamiento formal y que no habían sido desarrolladas previamente.

    La conclusión educativa para los padres resulta evidente: tienen que asegurar la estimulación sensorial e intelectual en la edad infantil y ofrecer al hijo o hija entre 11 y 20 años ocasiones de reflexión y de diálogo sobre asuntos diversos. Además, en ambas edades, será crucial, por su influencia, la elección del mejor centro educativo posible.

 Consejos prácticos:

  • Pide a tu hijo o hija opinión sobre cualquier decisión que le ataña (compra de un mueble para su cuarto, días de vacaciones, compra de un equipo de música o un ordenador…) y pídele que sea convincente con las razones que aporte. No basta decir “me gusta”. Hay que explicar por qué. Debate con él los pros y contras e intentad llegar a un acuerdo lógico. Posteriormente, valorad la decisión. 

 

  •      Dedica algún tiempo a ver algunos noticiarios de televisión junto con tu hijo o hija. Aprovecha cualquier noticia sobre temas sociales, políticos, culturales, laborales o de sucesos para ejercer la crítica y mostrar acuerdo o desacuerdo en función de los valores significativos que muestran los hechos.    

 

  •      Estimula la participación de tus hijos con sus opiniones. En cualquier caso, procura no ser demasiado tajante ni expongas todos los argumentos posibles, Deja posibilidades para que los demás puedan aportar otros puntos de vista. 

 

  • Cuando tu hijo exprese una opinión sobre algún hecho presente, pasado o futuro, deja que acabe de explicar su idea, escucha con atención y dialoga sobre lo que diga demostrando aprecio por sus ideas aunque critiques alguna de ellas. Aprende a usar fórmulas como:

 

-“Me parece verdaderamente interesante lo que dices, aunque quizá…”,
O también:
-“Seguramente tienes razón, pero a mí me parece…”   


José María Lahoz García
Pedagogo (Orientador escolar y profesional),
Profesor de Educación Primaria y de Psicología
y Pedagogía en Secundaria

 

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