La primera vez …


    Situémonos en el puente de la Inmaculada del año 2006, mi hijo se aproximaba a sus 15 años,  la mañana del domingo había quedado después de desayunar con sus amigos en ir al centro para coger un autobús e ir a pintar a la “ria” (es donde pueden pintar aquí en Málaga legalmente), así que me quedé tranquila, siempre me dice la verdad así que no tenía porqué desconfiar. Aproximádamente una hora después llamaron al portero, me pareció pronto para que llegara así que, pregunté por el “telefonillo” y una voz masculina  me dijo que era policia y que venía con mi hijo.

    Como todo el mundo se puede imaginar, se me vino el mundo encima, nunca antes había tenido problemas con la justicia así que, ¡imaginaos!, ¡la policía en mi casa! ¿qué le habría pasado? ¿qué habría hecho? fueron las primeras preguntas que me hice mientras subían en el ascensor;  ¡se me pasaron mil cosas más por la mente!.

    Eran dos policias de paisano los que venían con él, me dijeron que él no habia pintado pero que, a sus dos amigos, los habían detenido por pintar en el Centro Histórico en unos contenedores con sprays.

 ¿Qué cara se te pone cuando te ves en esa situación? , sobre todo angustia pero … :

    Por un lado no estas de acuerdo con que se estropee el mobiliario urbano, ya he comentado anteriormente que estoy en total desacuerdo con el “vandal”.

    Por otro lado es tu hijo quien está en la puerta, asustado, llorando.

    Los policias me hicieron un sinfín de preguntas además de aconsejarme que lo vigilara, pero no presentarían ninguna denuncia (afortunadamente). ¿Cómo podía sospechar yo que iban a pintar ilegalmente? ¿Quién se puede creer que los padres les consentimos lo que hacen?.

    Por supuesto, cuando se fue la policía, pedí explicaicones, el único argumento por su parte fue que, habían cambiado los planes y habían decidido quedarse a hacer “bombing” en el centro, en aquella época ni siquiera se atrevía a hacerlo él, ¡por suerte!. Estaba muy asustado y pensé que me alegraba de que lo hubiera pasado tan mal, le serviría de lección y no volvería a repetir la experiencia. Os aseguro que tardó en olvidarla.

       Pensé que con el mal rato había tenido su castigo, así que esta vez le dí una segunda oportunidad. Y, os aseguro que tardó mucho en olvidar lo sucedido.

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